China Completa el Imán de Fusión Más Grande del Mundo: un "Sol Artificial" de 582 Toneladas
Un hito de ingeniería que acerca la energía de las estrellas a la Tierra
China marcó un avance decisivo en la carrera global por la fusión nuclear controlada: el Instituto de Física del Plasma (ASIPP) de la Academia China de Ciencias anunció en Hefei la finalización y las pruebas a parámetros completos del imán de campo toroidal más grande jamás construido para un reactor de fusión. El componente, de 582 toneladas y 21 metros de longitud, alimenta el programa del Burning Plasma Experimental Superconducting Tokamak (BEST), conocido popularmente como el próximo "sol artificial" del país.
A diferencia de los electroimanes convencionales, este sistema superconductor opera con resistencia eléctrica prácticamente nula cuando se enfría a temperaturas criogénicas. Eso le permite sostener corrientes enormes con un consumo energético mucho menor: la condición indispensable para mantener estable un plasma calentado a más de 100 millones de grados Celsius, unas seis veces la temperatura del núcleo del Sol.
BEST: más allá del experimento EAST
El Experimental Advanced Superconducting Tokamak (EAST), el "sol artificial" que ya ostenta récords de duración de plasma ultra caliente, sigue siendo la plataforma de investigación. El nuevo imán, sin embargo, no es para EAST: está pensado para BEST, el reactor de nueva generación que China construye junto al campus CRAFT en Hefei.
BEST busca demostrar un plasma en combustión sostenida —plasma que mantiene la reacción de fusión con una fracción significativa de su propia energía— y, en una fase posterior, generar electricidad. La construcción del dispositivo comenzó en junio de 2023 y se espera completar hacia finales de 2027, con el objetivo de alcanzar ganancia de fusión (Q ≥ 1) y producir potencia útil del orden de 10 a 200 MW antes de finales de 2030.
Más grande y más potente que ITER
Según los investigadores chinos, el imán toroidal de BEST tiene un volumen aproximadamente 1,3 veces mayor que el equivalente diseñado para el proyecto internacional ITER en Francia, y puede almacenar tres veces más energía magnética. Esa capacidad se traduce en campos más intensos para confinar el plasma dentro de la geometría en forma de D característica de los tokamaks.
El desarrollo, que tomó unos seis años, impulsó avances en fabricación de conductores superconductores, ingeniería estructural, sistemas criogénicos y protección ante quench —la pérdida súbita de superconductividad—. El programa también ha validado un solenoide central de superconductividad de alta temperatura, el "corazón" del tokamak que inicia y sostiene la corriente de plasma junto al imán toroidal.
Por qué importa la fusión
A diferencia de la fisión, que parte átomos pesados, la fusión une isótopos ligeros de hidrógeno. En operación no emite gases de efecto invernadero y genera mucho menos residuo radiactivo de larga vida que las centrales nucleares actuales. Por eso gobiernos e industria la ven como una de las apuestas energéticas de largo plazo más ambiciosas del siglo.
El anuncio coincide con un momento en el que imágenes de drones del imán de 582 toneladas circularon ampliamente en redes, convirtiendo un hito de laboratorio en espectáculo público: una estructura industrial colosal, casi escultural, que resume la escala de la apuesta china.
La carrera hacia 2030
Completar el imán no equivale aún a electricidad comercial. Falta ensamblar el reactor completo, operar bajo condiciones extremas durante periodos prolongados y demostrar generación neta estable. El propio equipo de ASIPP sitúa este logro cerca del 80% del camino técnico del componente magnético, no del programa entero.
Aun así, el mensaje es claro: mientras el mundo discute modelos de inteligencia artificial y mercados digitales, China está midiendo su progreso contra el Sol. Si BEST cumple el calendario, la década que arranca podría dejar de hablar de fusión como promesa lejana y empezar a hablar de megavatios reales.